Hogares sostenibles: Conversando con Atix Home

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Hoy viajamos, virtualmente, hasta Ecuador para conocer Natalia Landaluce, fundadora de Atix Home, una marca enfocada en acercarnos los mejores materiales y productos étnicos para crear un hogar sostenible y estético.

W: ¡Hola, Natalia! ¿Nos podrías contar, para los que no os conozcan, qué es Atix?

N: ¡Hola! ¿Qué tal? Bueno, pues Atix es una palabra quechua, que significa el que todo lo intenta, lo puede y lo sabe. Esa es la filosofía de nuestra empresa. Nosotros somos una compañía que trabaja productos étnicos de Los Andes. Trabajamos con artesanas andinas de Ecuador y lo hacemos en decoración de hogar, moda y bueno, ahora estamos súper creativos, porque con esto de la cuarentena, que todavía no tenemos producto, estamos pensando mil ideas. Básicamente la idea es sacar los productos de Ecuador, que, no sabemos por qué, es un país muy olvidado. La gente cuando viene a Sudamérica no piensa en venir a Ecuador, entonces queremos darle ese toque un poco más europeo para que la gente se familiarice con estos productos de estilo pre-incas y con la cultura de la región.

W: ¿Y cómo alguien como tú decide emprender esta aventura y liarse la manta a la cabeza?

N: (Risas) ¡Nunca mejor dicho! Pues a ver, desde los 15 años he vivido en EEUU. Estuve trabajando seis años en una multinacional de comercial, conocí a mi marido en Miami, nos mudamos a Houston y más tarde a Virginia. Entre el vaivén de ciudades y la presión de este trabajo, comencé a sufrir un estrés bestial y decidí darme un parón de tres meses. Obligatorio. En ese tiempo comencé a trabajar con las manos y a hacer cojines a mano y objetos para mi casa. Siempre he sido muy creativa y me di cuenta de que estos objetos que tejía y creaba, gustaban bastante. Por ello, me adentré en el mundo de los mercadillos. De cinco y media de la mañana salir de casa, poner mi puesto a menos 7º bajo cero y en una de estas, mi marido, que es de Ecuador, vino a ver a su familia y me trajo una manta para casa y me encantó. Entonces me puse a investigar un poco más este estilo andino, y a la gente le gustó muchísimo. Y cuando volví a Estados Unidos, pasados esos tres meses, pensando que ya tocaba volver al trabajo, realmente, seguía teniendo muchísimas ganas de seguir con lo que había estado haciendo esos tres últimos meses y decidí dar ese cambio en mi vida que tanto necesitaba.

W: Desde luego es una historia poco típica del emprendimiento, también muy interesante, ¿qué has aprendido durante todos estos años?

N: Buf, un montón. Yo estudié fotografía y diseño gráfico y me metí a trabajar de comercial sin tener ni idea. A la hora de montar un negocio, en el que llevo un año y pico, ha sido aprender a la fuerza desde mi época de mercadillos. Todavía estamos viendo un poco el tema del transporte, de encontrar a alguien que trabaje en mercados de Madrid, etcétera. Es un constante aprendizaje. Aprendo todos los días de todo, no tengo formación de business y es, como te digo, un aprendizaje continuo.

W: Si tuvieras que darte un consejo a ti misma, cuando empezaste en esos primeros meses, ¿qué te dirías?

N: Me recordaría a mi misma el significado de Atix: «El que todo lo intenta, lo puede y lo sabe». Más aún sin tener background de negocio y más en un modelo completamente artesanal. Me diría, aplícate el cuento de la palabra que has escogido tú, Atix. Que si lo intentas, puedes y que hacia adelante, que hay momentos buenos, momentos malos, pero que si sigues y sigues, esto, va a salir.

W: Hablando un poco de que saldrá hacia adelante, me surge una pregunta, algo difícil, pero más necesaria, ¿hacia dónde va Atix? ¿Dónde te gustaría llegar con Atix?

N: Buena pregunta. He tenido la posibilidad de expandirnos muchísimo hace poco. Nos contactó una de las empresas americanas más grandes, que trabaja productos étnicos y, bueno, hubiera sido una pasada entrar con un empresa así. Sin embargo, nos exigían doscientas mil mantas al mes. Nosotros somos artesanos, trabajamos con comunidades muy pequeñas, no tenemos ese potencial. Lo que a nosotros nos gustaría es tener una tienda en Madrid, donde pueda combinar Atix con el interiorismo y encontrar ese concepto de productos artesanales con decoración de interior, tener un showroom. Es algo que a mí personalmente me llena mucho y simplemente, que el mundo reconozca a esta gente, el valor de lo artesano.

W: En un año y pico que lleva Atix operando, ¿habéis desarrollado un carácter como marca? Es decir, a la hora de tomar decisiones, ¿existe una filosofía, o propósito, de empresa identificable en vuestras decisiones?

N: Mira, nosotros estamos viendo que los productos artesanales y étnicos de alguna manera están más presentes en el día a día y se les presta mayor atención. No obstante, hay mucha explotación a artesanos y aprovechamiento de estos recursos y comunidades. Nosotros queremos dar la posibilidad de vivir bien a los artesanos, unas condiciones dignas, una oportunidad de prosperar. Sobre todo a las mujeres que son las que trabajan y no saben gestionar un negocio, enseñarlas aptitudes de negocio básicas como llevar un inventario y así, ayudarles a ser independientes. Además, por supuesto, concienciar al comprador del producto del valor que arrastra consigo, esa es nuestra filosofía core.

W: Bueno, claramente, un propósito corporativo social y positivo. ¿Crees que los negocios buenos son compatibles con los buenos negocios?

N: Cien por cien. Ese es el punto que nos ha llevado a comenzar todo y sí se puede, perfectamente. Debes tener las cosas muy claras, existe una barrera muy fina entre la ambición y la codicia. Pasas de decir quiero ayudar a esta gente y quiero vender esta manta para ayudarles a ellos, a decir, ostras, alguien me ofrece una vía mejor, voy a cambiar los precios y voy a olvidarme de estas comunidades y retirar el porcentaje destinado a estas personas. O cambios en los que no se cuente con las vidas de estas personas. Hace poco tuvimos una reunión con un productor de cine de reconocido prestigio y nos comentaba que nosotros no trabajamos un producto masivo, sino de lujo. Que podemos triplicar el precio. Pero eso, no nos interesa. Primero está el ayudar a estas comunidades, y después el resto. Queremos un producto para todo el mundo. Que no tengas que sacrificar una semana de trabajo para comprarte una manta. Es muy fácil, insisto, olvidarse de este tipo de consecuencias cuando te ofrecen vender a precios muy superiores con grandes márgenes, pero no, no es nuestra filosofía.

W: ¿Cuáles han sido los principales retos, o problemáticas, durante todo este viaje?

N: A ver, tenemos dos. La principal es que es muy complicado comunicarse con esta gente, realmente, los trabajadores con los que funcionamos son comunidades indígenas muy pequeñas y muy cerradas. Son muy generosos y amables. Practican una filosofía maravillosa, pero vienen de otro lugar, por así decirlo. Es muy compleja la comunicación con ellos, cuesta mucho y no te entiendes, les pides una manta roja y te dan una chaqueta azul, y así continuamente. Esa comunicación nos ha costado mucho, y casi más ganarnos su confianza. El segundo problema es que ahora, en este siglo, todo funciona a través de redes sociales y nosotros somos vieja escuela. Nos gusta que la gente toque, sienta y sepa las historias que rodean Atix. Estamos todavía desarrollando esa parte un poco más tecnológica propia de nuestra era y eso sinceramente, nos supone un reto. No nos gusta mucho (risas).

W: Todos estamos un poco en lo mismo (risas). Después de estar trabajando con estas comunidades, ¿qué has aprendido de ellos?

N: Mucho, lo principal es sin duda su filosofía, la filosofía Minga. Ayudar al vecino o al prójimo sin esperar nada a cambio. Es gente generosa y humilde. A nosotros nos lo pudieron enseñar en casa y lo plasmamos en nuestro recorrido. Atix realiza muchos sorteos, o acciones, en las que damos a la gente producto, sin esperar nada a cambio. Sobre los precios que te comentaba, no perseguir enormes márgenes ni grandes ganancias. Hemos aprendido a ser humildes. Yo, como te he dicho que me encanta trabajar con las manos, sé valorar el trabajo que hay detrás de un producto artesano, y te hace valorar mucho mejor lo que tienes.

W: Con la experiencia que has ido acumulando, ¿qué capacidades dirías que son necesarias para llevar a cabo un proyecto como Atix?

N: Necesitas mucha paciencia. Mucha creatividad. Recordar que estás haciendo algo bueno para el mundo y recordar que sí que se puede. Aunque sea un pequeño grano de arena, si es lo que puedes aportar, es suficiente.

W: Aparte de vuestra filosofía, parte de vuestra esencia, es el trabajo de concienciación. ¿Qué consideras necesario para que suceda ese cambio real en la forma de consumir?

N: Uno de los problemas que yo tenía hasta que empecé con Atix, es que eres muy consumista. Las cosas como son. Compras por comprar. Lo que hacemos es, a través de ese trabajo artesanal en el que eres testigo de la cantidad de trabajo invertido, ver la posibilidad de dar varios usos a un mismo producto. Por ejemplo, las cintas étnicas puede presentarse como una cinta sin mayor misterio, pues a lo mejor usarlo como cinturón o como algo de decoración, collar, etcétera. Y de esta forma, mentalmente, adquieres esa perspectiva de ver la polivalencia en los productos que tienes. Y eso lo plasmamos en nuestra forma de trabajar. El cambio creo que viene en hacer hincapié en el trabajo que hay por detrás, más allá también de lo artesanal. Todo producto que compramos, artesanal o no, tiene un montón de trabajo detrás, pero eso no lo apreciamos, el diseño, fabricación y demás. Darse cuenta de que los productos pueden ser para siempre.

W: Antes comentabas que tu formación es de fotografía y diseño gráfico, creo que son cosas que resultan en que nuestras empresas estén hermanadas, en cierta forma. El trabajar con el diseño y por supuesto, con la sostenibilidad, fomentar cambios que nos hagan vivir a todos mejor. ¿Cómo creéis que, a través del diseño, se puede construir una forma de vida más consciente?

N: Creo que es algo muy estético. Como diseñadora gráfica, al igual que vosotros, aprendes esa percepción u ojo crítico que te hace apreciar mejor la funcionalidad, belleza o historia que haya detrás, que pueda ser transmitida de forma que haga que te guste más.

Instagram, por ejemplo, que es súper visual, antes ponía solo fotos de producto, pero comencé a contar mejor mi historia, la historia de Atix, sus comunidades, el proyecto por dentro. Y eso hace que el consumidor se enamore más de ti y enseñar que se puede ser sostenible, low cost y con un propósito social.

W: Y, ¿en qué estáis trabajando ahora? Comentabas antes que durante la cuarentena estáis teniendo muchas ideas, ¿qué ideas estáis incubando?

N: Pues que un producto tenga entre cinco y diez tipos de usos diferentes. Una cinta étnica sea correa de cámara de fotos, de instrumentos, accesorios de moda, cinturones, collares, etcétera. Ayer se me ocurrió que también pueden funcionar como separador, como cabecero de cama con alguna frase y así. Darle al coco para ver hasta dónde puede llegar un producto.

W: De esta manera, estáis renunciando a más ventas buscando diferentes usos de mismos productos y es una manifestación de vuestra filosofía. Por ejemplo, nosotros desde WUM creemos que cuando nos juntamos varias marcas y remamos en la misma dirección, es más fácil concienciar a los consumidores. Es más potente una voz coral que varias voces individuales, ¿cómo crees que entre todos podemos ayudar a transmitir nuestra filosofía o valores comunes que fomenten los cambios en el consumo?

N: Lo que yo te puedo decir, desde mi experiencia como artesana y como comercial de una multinacional, la manera que yo veo de cambiar el mundo desde nuestra perspectiva es conocer a marcas y firmas que hagan lo mismo que tú y unirse. Hace un mes hicimos un sorteo con otras diez marcas sostenibles y orgánicas y voy a hacer ahora otro sorteo con otras diez marcas sostenibles y orgánicas. A lo mejor entre las diez marcas sumamos unos 50k seguidores y esos ya están viendo las ventajas de un producto sostenible, esa parte de atrás de la que siempre hablamos. Esa es mi experiencia de cómo ayudar a cambiar el mundo de una forma más efectiva. Instagram es una plataforma que te lleva a realmente conocer el mundo entero y poder cambiarlo con un solo click. Y si que a través de ello a un montón de marcas naturales o sostenibles uniéndose sí que se puede cambiar esa mentalidad.

W: ¿Qué es lo que más os inspira u os ha inspirado durante esta trayectoria para llegar a pensar así?

N: Las tradiciones pre-incas y su simbología. Si ves las mantas, a simple vista puedes ver figuras geométricas y colorines, pero en verdad son montañas, volcanes, ríos, naturaleza. Nosotros estamos muy conectados con la naturaleza y con la tierra y es algo que nos ha ayudado mucho y nos ha inspirado un montón y toda esa simbología es lo que nos inspira realmente. Si ves otra cosa en las mantas o en las cintas, en sus tonos, no se escogen al tun tun, depende de si se quiere representar un amanecer o una luna llena, los colores van cambiando. Si un día se escuchan lobos en la montaña, se van a plasmar esos lobos, osos o águilas. Es algo que nos ha inspirado al cien por cien. No son cuatro figuras geométricas, todo lo que hay detrás es naturaleza.

W: Hablando de ese comercio que fomenta la naturaleza, ¿en qué crees que falla la industria de la sostenibilidad? Hablando de forma global, a la hora de juntarnos y cambiar el consumo, ¿en qué crees que fallamos?

N: Pues que lo tenemos muy sencillo, tenemos acceso a cosas muy baratas vendidas como muy buenas pero no nos muestran el recorrido que tienen que puede ser completamente negativo, y no nos lo enseñan porque consideran que no nos interesa. Y es cierto, a mí hasta hace dos años no me interesaba un pimiento lo que había detrás de un producto. Unos zapatos monos a cinco euros te los vas a comprar. Te duran dos meses, pero te los compras. Creo que eso es lo que falla, ese acceso fácil y masivo a productos sin historia detrás y baratos a los que es difícil decir que no.

W: Para terminar nos gustaría conocer algo que preguntamos a todas las marcas que nos acompañan, ¿cuál es tu rincón favorito del mundo? Ese especial.

N: Si te soy honesta, aunque parezca una respuesta un poco filosófica, es mi casa. He vivido ya en tantos lugares, me he mudado más de 35 veces, he conocido tantos estados, países y lugares, todos tienen su maravilla, pero mi lugar especial en el mundo es mi casa.

W: Un libro que crees que debería leer todo el mundo.

N: Dos: “El Poder del Ahora” de Eckhart Tolle y el que me estoy leyendo ahora, “El poder de confiar en ti” de Curro Cañete.

W: La última, venga. ¿A qué creadores crees que deberíamos prestar atención?

N: Respecto a proyectos y creadores, gente como Sawirinas, dE.LENZO, Señorita Botánica, Tres Hermanas e Ink Gallery, que es gente que tiene esa mentalidad emprendedora que ha empezado de cero, sostenible y súper creativa.

Artistas que siempre tiene que tener uno, y más en cuarentena, Eddie Vedder. La película Into the Wild, maravillosa y te hace pensar en dejar todo atrás y centrarse en encontrarte a ti y tu camino. Simplemente eso, que cuando acabe todo esto, quiero decirle a la gente que vuelva a los mercados, que son el lugar más maravilloso del mundo.

W: Creo que tendremos que esperar un poquito más, esperemos que poco. Muchísimas gracias por este ratito que nos has dedicado.

N: Mil gracias a vosotros por hacerme sentir tan cómoda. ¡Mucho ánimo!

W: Un placer, Natalia.

A ti, lector, gracias por haber leído hasta aquí. Sabemos que estas entrevistas son largas y densas, pero creemos en el buen contenido antes que en el contenido corto y de consumo rápido. Esperamos que te inspiren y te hagan reflexionar un poquito.

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Nos leemos pronto.

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